QR 36 FASCINUM ROMANO

La pieza que presentamos es un fascinus o fascinum, personificación del falo divino en la magia y religión de la Antigua Roma.

La palabra puede referirse también a la propia deidad Fascino (Fascinus), a efigies o amuletos del falo y a hechizos utilizados para invocar su divina protección.Plinio el Viejo lo llama un medicus invidiae, un “doctor” o remedio para la envidia (invidia) o el mal de ojo.

En castellano tenemos el término fascinar, que la Real Academia Española explica como…

Falo Romano Cuarcita S. I-II d.d.C.

1. tr. Engañar, alucinar, ofuscar.
2. tr. Atraer irresistiblemente.
3. tr. Hacer mal de ojo.

Medidas:

Alto: 14 cm
Ancho menor: 3.4 cm
Ancho mayor: 4.4 cm
Grueso: una media de 2.8 cm

Peso: 302,65 gr

Composición: Cuarcita gris con inclusiónes de cuarzo

¿De qué se trata, qué es?

Descripción:

El Falo Romano-Vetón, es una piedra de cuarcita gris, alargada, de 14 cm, no tallada, quizás un canto rodado, pero sí re-pulido con basta abrasión o por percusión suave en tres zonas determinadas. Presenta dos partes –anatómicas del falo- bien definidas

¿Cuál fue su uso?

No es fácil descubrir con qué ojos vieron las personas que crearon este falo. Porqué lo hicieron y para qué, qué sentido tenía, cuál fue su funcionalidad, cómo y para qué lo usaron…

Descubrir su funcionalidad es dotar de sentido a esta original pieza. Es decir cuál  fue su utilidad práctica, para qué servía y con qué idea se fabricó. Dicho de otra forma se podría determinar si se trata de un objeto de culto, quizás de uso personal como amuleto, o de carácter familiar en la casa, quizás de toda la comunidad del castro, usado para ciertas fiestas o ritos y cultos de fertilidad o fecundidad. Posiblemente se trata de un algo similar a un amuleto con un poder protector.

Aventurar época y función de este falo de piedra no es fácil tampoco, pero podría estarnos situando en los primeros años del primer milenio o en el último siglo a.C.

PROTECCIÓN CONTRA EL MAL DE OJO

El mal de ojo (fascinación)  era una creencia muy extendida en la sociedad romana, era la influencia perniciosa, que una persona puede ejercer sobre todo lo que le rodea, sin recurrir a ninguna ceremonia ni fórmula mágica, a veces sin proponérselo o en contra, incluso, de su voluntad. 

Por otro lado, vemos como varias criaturas mitológicas estaban relacionadas con este oculus malignus, como los Cíclopes o el mismo mito de la Gorgona. Incluso algunas escuelas filosóficas así como grandes autores clásicos, admitieron la existencia del mal de ojo y buscaron una explicación racional a este fenómeno. 

Además el romano era un individuo muy supersticioso y temía al mal de ojo casi tanto como a la muerte. Así que buscaron en la magia, en la brujería y en la superstición las causas y soluciones a todo aquello que la medicina tradicional no podía curar. Por lo que existía todo un repertorio de amuletos, hechizos y talismanes contra el mal de ojo,  donde destacaba, especialmente, el uso de los símbolos fálicos.

Todos estos remedios ideados contra el mal de ojo intentaban que el fascinador apartase su mirada, para lo que se le mostraba un objeto insólito, extravagante (átopori) o ridículo (geloíon), o al menos concentrar en esos objetos su mirada, por lo que evitaban que mirasen directamente al portador de ellos, escapando así de este mal de ojo. Además estos amuletos tenían un triple efecto: ahuyentaban el mal de ojo, pero también lo combatían e incluso podían sanar a los maldecidos.