Parece que el Cardenal quería dejar constancia de su Grandeza personal

Hay suficiente documentación donde el Sr Cardenal Rodrigo de Castro “hace constar todas las características arquitectónicas conforme a las cuales debía construirse el edificio especificándose que las dimensiones debían ajustarse a las “medidas según Vignola enseña en su libro de las cinco órdenes de arquitectura” 193 y, además,

… han de ser de orden corintia”
  • “todos los miembros (elementos arquitectónicos) y ornatos dentro y fuera de este templo (…) han de ser de orden corintia” especificándose, con minuciosidad, todos los detalles a que debían de ajustarse los diferentes elementos arquitectónicos de la construcción de la iglesia (pilastras, entablamento, arcos, bóvedas, pechinas, ventanas del crucero, cúpula, naves laterales, coro, puertas,…) así como
  • la calidad de los materiales a emplear (piedra berroqueña, es decir granito, bien labrada en todo lo que no sea propiamente paredes), de los elementos decorativas (balaustres, pirámides y bolas,…) y “propagandísticas” (escudos) e, incluso, se estipulaba que el oficial que iniciase la obra debía rematarla sin poder trasladarla a otro oficial, sin embargo serán varios los maestros de obras que intervendrán en la construcción (hermanos Fatón, Simón de Monasterio,…).
O Cardeal Rodrigo de Castro

 Datos de los que se podría deducir que, tal vez, el Cardenal desease hacer una réplica, aunque a menor escala, del Escorial de ahí el empleo del nuevo estilo Escurialense o Herreriano que Felipe II, tras el Concilio de Trento, había impuesto en España, y que se puede definir como un manierismo español fiel a los principios más puros del clasicismo y que parecen conocer tanto el propio Cardenal, entre sus libros había alguno de arte, y el maestro de obras, Simón de Monasterio, ya que un documento conservado en el convento monfortino de las Clarisas recoge que entre sus pertenencias había “otras estampas de los templos de Roma (…) guarnecidas en cuero”.

Parece evidente, pues, que el Cardenal quería dejar constancia para la posterioridad de su Grandeza personal pero, asimismo, de la Grandeza del territorio o solar con el que se identificaba y que era el solar de sus antepasados de ahí que la obra del Colegio, lo mismo que El Escorial, no tuviese parangón en su época.