El Cristo que no gustó a Felipe II

Santo Cristo de Valerio Cioli (1529-1599), autor también de las estatuas de la tumba de Miguel Ángel. Nombre y fecha que aparecen grabados en la parte inferior del paño de pureza de la imagen.
Es de mármol de una sola pieza, excepto los brazos. Destaca en él la majestuosa y serena expresión de su rostro. Fue encargado por Felipe II para El Escorial (Madrid), pero, no le gustó, por considerarlo demasiado musculoso; se lo regaló al Cardenal con el que le unía gran amistad quien lo mandó traer a Monforte de Lemos.

En su lugar Felipe II colocó otro cristo de mármol, en este caso de Bemvenuto Cellini. Cristo que Cellini decidió ejecutar como cumplimiento de un voto inspirado por un sueño que tuvo en el año 1539, encontrándose preso en el Castillo Sant’Angelo por orden del papa Paulo III. Según cuenta el propio artista en sus memorias, en ese sueño tuvo esta visión:

“Parecíame aqueste sol sin sus rayos ni más ni menos como un baño de oro purísimo licuado. Mientras que contemplaba yo aquesta gran cosa, vi comenzar a hinchar en medio del sol y crecer aquesta forma de dicho abultamiento, y formase de pronto un Cristo en cruz, de la misma sustancia que era el sol. Y era tanta su hermosa gracia y tan benignísimo su aspecto, cual el ingenio humano no podría imaginarse una milésima parte.”

Pasados veinte años, el escultor se decidió a cumplir su promesa, con la intención de que la escultura fuera puesta en su tumba. Sin embargo, por una petición del duque Cosme I de Médici, que la vio en su taller y le propuso comprársela, pasó a formar parte de la colección del Palacio Pitti.

En 1576, el crucifijo fue regalado por el gran duque de la Toscana Francisco I de Médici al rey Felipe II de España, y enviado especialmente desde Florencia para «remate a su iglesia de San Lorenzo del Escorial».​ El jerónimo de ese monasterio fray Antonio de Villacastín lo describe así:

En 9 de noviembre de 1576 el rey don Felipe, nuestro fundador, envió a mandar fuesen al Pardo, donde estaba de presente, por un Crucifixo que allí había llegado que se le envió el gran Duque de Toscana. Batista Cabrera  partió luego con cincuenta hombres que le trujesen a hombros, y así se hizo. Llegó aquí a San Lorenzo el Real el santo Crucifixo víspera de San Martín, 11 de noviembre del dicho año. Púsose en el Capítulo, en el hueco de la puerta, hasta que su Majestad otra cosa mande. Nota: que el que hizo este Cristo escribió un libro que se intitula Benevenuto Celino, del modo que se ha de tener para labrar en mármor, en el cual libro trata el trabajo que tuvo en labralle y la curiosidad conque le acabó y cómo es la primero pieza de crucifijo que se ha labrado hasta este día. Tiene también el dicho libro a cabo dél dos sonetos en toscano, admirables

Tras una restauración del año 1994, el Cristo fue colocado en la capilla de los Doctores, en la parte izquierda de los pies de la Basílica, continuando púdicamente tapado con un paño ya que el Cristo está absolutamente desnudo al gusto renacentista.